Cap. 1 Punta Arenas y Puerto Natales

Patagonia, estrechando sobre el parte más austral del Sudamérica, esta tierra mística es conocido por muchos como el último lugar salvaje en el mundo. Ríos enormes de hielo que gime, pampas azotada por el viento, caras de roca y montañas endientadas y dinámicas, y una de las redes de fiordos e islas más grande del todo el mundo, juntos he permitido que la mayor parte de esta tierra permanezca escondida. Aún la aspereza y solitaria de que esta tierra es formada ha atormentado mucho tiempo a aventureros impacientes del todo el mundo, haciéndolo un destino principal para la crecimiento de la industria de turismo de aventura.

Desde que yo sabía que es Patagonia, yo también me hice encantado por el misterio de esta tierra extraña. Mi imaginación correría como salvaje cuando yo podría imaginarme explorando los finales del mundo, cruzando los glaciares, navegando por el laberinto de fiordos, y por supuesto, cruzando montañas traidoras. Y ahora, aproximadamente quince años después, me han dado finalmente la oportunidad de materializar este sueño.

Yo siempre había imaginado que fuera un viaje lleno de la diversión y aventura, subiendo montañas y navegando por los fiordos. Aunque lo seguramente estuvo lleno de la diversión y aventurero, nada en este viaje llevado a su fin como esperado. Casi desde el momento de llegada, mis expectativas empezaron a cambiar. Después de leer que el paisaje y así como la cultura está en peligro de las planes de una empresa internacional para construir unas represas y líneas de energía, y después de mi primer camino en la playa en Punta Arenas, tropezando con latas de cerveza, botellas plásticas, vidrio roto, chatarras de metal, y neumáticos de camión medio sepultados, las metas de mi viaje cambiaron rápidamente a algo más grande. En vez de la gana personal de la exploración a través de esta tierra, yo decidí a ver a los lugares y las personas que cruzaría caminos con entre mi lente crítica que he gastado tanto años desarrollándome.  Después de mi primera noche en Punta Arenas, una de las puertas principales a Patagonia del resto del mundo, decidí a buscar a repuestas y evidencia en cuanto a que estamos haciendo incorrecta y cómo podemos mejorar. Aunque yo empecé este viaje también con el conocimiento que probablemente terminaría con aún más preguntas, algunas originales que no serán contestados, y otros completamente nuevos.

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Aterricé en Punta Arenas con un grupo de diez más o menos a las tres de la mañana, el 14 de febrero 2010. Mi sentimiento letárgico y casi despresado que había sentido en Santiago, a resultado de una combinación del calor, enfermedad, demasiado trabajo, y una impaciencia para escapar de la ciudad al salvaje del Patagonia, había sustituido inmediatamente con el regocijo infantil que viene cuando alguien ve a su propio aliento condensar cuando se exhala. Olvidando rápidamente que todavía era el verano, el clima contrastante me forzó a estar sorprendido no encontrar nieve en la tierra. Este entusiasmo me permitió a no darme cuenta de la verdadera infelicidad de Punta Arenas. Hacia el final del primer (y solo) día, las gorras de botella dispersan por la vereda de tierra, los bolsitas plásticas desparramaran entre los arbustos, el verdadera porquería del río empezó a materializar en mi vista de la área. Había esperado a ver los impactos humanos al medio ambiente, pero estos fueron diferentes. En lugar de una ciudad turística sobredesarrolladla con tiendas caras que se venden marcas internacionales, Punta Arenas es un pueblo pequeño y gis. Parece que mucho del dinero pase por Punta Arenas al resto de Patagonia. Como averiguaría pronto, cuando encontrara Eric en Puerto Natales, este hecho es casi cien por ciento verdad. La mayoría de las turistas que vienen buscando el salvaje de esta tierra vuelan a Punta Arenas, pero inmediatamente pasan en su camino a las aventuras verdaderas. Algunas paran para un día para ver la colonia de pingüinos, como yo, pero muchos no dan la ciudad tan consideración. Empero porque una ciudad tan pequeña con tales pocos visitantes puede ser cubierto en tanta suciedad está más allá de mí. Un misterio que va a permanecer detrás de mi cabeza cuando precipito hacia el bus que me llegará a Puerto Natales donde me partiré del grupo principal y me reuniré con Eric.

Después de un paseo de autobús de tres horas por las Pampas, mirando ovejas correr afuera y Ram hablar en español en una versión doblada de “The Wrestler” en el interior, yo fui aliviado para encontrarme en la pequeña ciudad de Puerto Natales. Aunque no inmaculado, Puerto Natales es mucho más limpio que Punta Arenas. Este la ciudad para buscar a los afectos del turismo. Si Punta Arenas es la entrada a Patagonia, Puerto Natales es la entrada al Parque Nacional Torres del Paine, una de los parques más visitado en Patagonia. Cuando me registré al hostal Erratic Rock, fui aliviado y frustrado al mismo tiempo para encontrar que todas las personas, empleados y visitados, fueron extranjeros. Contrastando con el hostal en Punta Arenas, que fue más como una casa, así como alguno otro hostal en que he quedado, que tienden que ser más como una cama con una taquilla, Erratic Rock tiene un ambiente extraño y hospitalario. Casi sintió como aquella una tienda de montañismo en que Ud. estaba cuando era niño, que en realidad era un poco pequeña pero era embalada con la marcha más asombrosa que Ud. había visto, y su imaginación corría salvaje cuando se visualizaba usando el hacha de hielo y crampones para escalar una catarata congelada, o la saca de dormir para mantenerse caliente al base de Everest, o el montón de comida de montanismo que es mucho más caro que una paquete simple de pasta. Aquel mismo sentido de admiración y entusiasmo por las posibilidades del futuro pronto son despertados cuando Ud. entras Erratic Rock. Un estante de zapatos junto a la puerta principal es abarrotado con botas fangosas. A la derecha es una mesa de madera ronda en la cual sienta un libro de los huéspedes grande, donde una viajera inscribe sus impresiones con una pluma grande. Más atrás en este primer cuarto es un sofá de codo metido en el rincón en una plataforma ligeramente elevada, mirando a la televisión y las baldas forrada de libros. El empleado simpático se muestra por esta área a la cocina, los recipientes de reciclaje clasificados, el cubo de compost, y entonces arriba de la escalara estrecha y más libros al otra cuarto común con una estufa de Franklin sobre que cuelgan la ropa de mochileros mientras secan la lluvia. En una silla sienta un gato naranjo y gordo. Con el titulo apropiado del “Chairman Meow”, él aceptará sus golpes amistosos y entonces girará rápidamente y le morderá su muñeca. Parece que tanto los visitantes como los empleados aquí establecen lazos rápidamente. Tenía solo un total combinado probablemente menos de dos días de contacto con estas personas, sin embargo, me siento si debo cruzar sus caminos otra vez, nosotros alcanzaremos como si fuéramos íntimos.

La vista de la ventana del Erratic Rock

Después de dejar mi mochila, Eric y yo dirigimos en la ciudad, armado con las bolsas de compras reutilizabas provistos por Erratic Rock con la misión de suministrar nosotros mismos para nuestra trek por una de las parques nacionales más famosa del esta tierra accidentada. La ciudad es formada de un trazado cuadricular de calles de sentidos únicos. Con espacio de acera amplio, esta ciudad es fácilmente navegable al pie. Estuve sorprendido a encontrar que esta ciudad tenía más dimensiones que la tira turística principal. Una mezcla generosa de tiendas de montañismo, almacenes de alimentos, restaurantes, tiendas normales se puede encontrar en alguna otra ciudad no engranado hacia turismo, y por supuesto, las dos tiendas estrechas, más o menos 5 pies de ancho y 12 pies de profundidad, llenado con frutos secos y volando música de rock clásico. Después de una tarde de comer, ir de compras, y perderse cuando buscando a carpas para arrendar (es imposible a perderse en esta ciudad, nosotros simplemente no pudimos encontrar al hostal que no dijeron que arrendara carpas y entonces circunnavegamos toda la ciudad, parándonos para remojar la vista al puerto).

Eric describió la ciudad perfectamente. <<Esta es una ciudad turística, pero no siente como una trampa turística>>. Al ese tiempo no supe exactamente que él quería decir pero estuve de acuerdo no obstante, dado que yo también había visto a los aspectos de turismo en esta ciudad y reconocí que turismo es una gran parte de su economía. Sin embargo, parece que Puerto Natales no es completamente dependiente del turismo, con sus muchas dimensiones por toda la ciudad. Aunque sólo después de experimentar el parque nacional y regresar, asís como hablar con más personas de una variedad de perspectivos será capaz de entender totalmente los misterios de este tema. Aun por el momento sólo nos concernimos por el relleno de nuestras mochilas que obviamente no fabricaron por recorrer.

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Puede encontrar fotos de esta parte de la aventura en mi cuenta de Picasa

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